Desde IdPA subrayamos la importancia de los resultados en Hungría como una muestra más del retroceso de la extrema derecha.
Viktor Orbán ha sido derrotado. Por primera vez en 16 años, el gobernante de la ultraderecha nacionalista, el aliado de Putin, de Trump y de Netanyahu, el enemigo de la Unión Europea, que ha desarrollado una legislación reaccionaria y que ha erosionado la democracia en medio de una enorme corrupción, ha perdido las elecciones.
En las elecciones parlamentarias celebradas el pasado domingo, Péter Magyar vencía de forma arrolladora con más de dos tercios del parlamento. El próximo primer ministro tendrá mayoría constitucional suficiente para deshacer las reformas de Orbán que han restringido derechos y libertades. Magyar, representante del partido Tisza-Partid Respeto y Libertad, fundado en 2021 y que en 2024 aun era minoritario, fue alcanzando notoriedad cuando Magyar se unió con su movimiento no partidista Comunidad de Húngaros de Pie.
En estas elecciones ha habido una participación masiva. No porque el Magyar refleje las posiciones ideológicas de todos los que lo han votado, sino porque era la única posibilidad real de cambio, y los húngaros la han aprovechado.
La derrota es también la derrota el trio de la muerte, Netanyahu, Trump y Putin. Vance, vicepresidente de los EE. UU., ha viajado a expresamente a Hungría para hacer campaña a favor de Fidesz, el partido de Orbán, concentrando en la Unión Europea el objetivo de todos sus ataques.
Esta es una victoria para la democracia y la UE, que sufría el boicot y la traición de Orbán, que incluso le pasaba información de lo que se debatía en las instituciones comunitarias a Putin y había bloqueado la entrega de los fondos en eurobonos para ayudar a Ucrania. La internacional fascista que agrupa a líderes ultras como Milei o Abascal ha perdido un centro de operaciones clave y un financiador de los partidos de la ultraderecha.
Los últimos resultados en países europeos están castigando a los partidos trumpistas. La guerra contra Irán y el Líbano, perpetradas por EE.UU. e Israel, además de una catástrofe humanitaria, están provocando unos efectos económicos devastadores y eso lo está cambiando todo. La derrota de Giorgia Meloni en el referéndum sobre la reforma judicial en Italia, la victoria de la socialdemócrata Mette Frederiksen en Dinamarca, que basó su campaña en la firmeza frente a la agresividad de Trump sobre Groenlandia o la resistencia de la izquierda en las municipales de Francia, así lo evidencian.
Los resultados de las elecciones en Hungría son un aviso para Abascal, que ha financiado sus campañas electorales de 2023 y 2024 con préstamos de bancos húngaros, y también para un PP entregado al lobby sionista y a los caprichos del imperio.
Las elecciones en Hungría han coincidido precisamente con las manifestaciones masivas en todas las capitales de provincia de Andalucía contra la privatización de la sanidad pública, convocadas por las mareas blancas y las organizaciones por la sanidad pública, con la participación activa de AMAMA, la asociación que destapó la crisis de las mamografías en Andalucía, y esto es importante. La extrema derecha no solo ataca a las instituciones democráticas, su modelo es el que privatiza, el que niega la violencia machista, la crisis climática; su ideología es la xenofobia, el racismo, la homofobia.
Las elecciones andaluzas del 17 de mayo tenemos la oportunidad de derrotar a las derechas amigas de Trump y de Netanyahu. Construyamos la alternativa opuesta: la de los derechos, lo público y la gente.


